Los problemas de  alimentación son frecuentes en niños con autismo. A pesar de su importancia en el desarrollo físico y social, son muy pocas las veces que se interviene en la alimentación.

Estos trastornos se manifiestan de maneras muy diversas pero normalmente  una hiperselectividad alimenticia aparece como factor común.

Algunos, ya desde los primeros meses de vida presentan problemas para tomar las cantidades marcadas por el pediatra, hay niños que siguen tomando papillas hasta los 5 o 6 años pues les es imposible introducir alimentos sólidos. Aparecen las preferencias por determinados sabores o texturas. Pueden aparecer intolerancias intestinales, vómitos…

Factores que pueden condicionar los trastornos alimenticios

Algunos investigadores han sugerido:

  • Anomalías bioquímicas o  trastornos metabólicos especificas (aún por demostrar)
  • Alteraciones en los umbrales sensoriales (hipersensibilidad o hiposensibilidad): Especialmente en los primeros años de desarrollo. Es probable que algunos niños con autismo presenten alteraciones sensoriales gustativas,olfativas o táctiles.
  • La inflexibilidad: puede dar como resultado el rechazo a cualquier novedad alimenticia.

Problemática familiar

Normalmente los padres y educadores no suelen comprender el porqué de este rechazo y con frecuencia la única alternativa es forzar al niño a comer,  lo que genera asociar la ingesta de alimentos nuevos a estados emocionales negativos y de rechazo. Los padres con el paso del tiempo aumentan los niveles de ansiedad y  estrés  a la hora de dar de comer.

Muchos padres conservan la calma, se arman de paciencia y sentido común y poco a poco logran ir introduciendo alimentos nuevos. Otros persisten forzando sin mucho éxito, incluso aparecen retrocesos hasta que optan por pedir ayuda profesional. Otros papas optan por darles los alimentos que toman sin problemas (biberones papillas…) con tal de mantenerlos nutridos, aunque a la larga conlleve a desequilibrios nutricionales.

Consideraciones generales

  • Las comidas son momentos agradables.
  • La hora de comer, solo se come; no se juega ni se ve la televisión
  • La comida es algo rico y apetecible.
  • La comida constituye un ritual cuya forma la va a marcar el adulto.
  • Nunca se va a entrar a «luchar» con el niño ni a forzarle más de lo «imprescindible».
  • Todos los días hay que comer, y hay que comer una cantidad previamente establecida.

Conclusiones

Si te encuentras en esta situación, no dudes en contactar. Nosotros desarrollamos un programa  especifico y personal para cada niño.

 

Bibliográfica

A Riviere y J. Martos (Comp.). El niño pequeño con autismo. Madrid; APNA ediciones. (2000).

 

Elena Anero
Autor

Elena Anero

Logopeda especializada en Terapia orofacial y miofuncional.

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